domingo, 12 de junio de 2011

Antes de que cante el gallo fijo tres veces me vendes

Vivimos en un mundo donde el que menos pasa de todo y la mayoría de la gente que te rodea te ha mentido en más de una (y de dos, y de tres) ocasión, no te queda más que acostumbrarte y esperar a que la próxima vez que te levantes, en vez de pensar en el asco que da la gente, pienses en lo bonita que es la vida y lo buena que puede llegar a ser una persona. Porque aquí, ni dios se salva. Yo tampoco, que a muchos se les da muy bien eso de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, yo lo reconoczco, pero jo-der. Aquí ya no somos sinceros ni para decir como nos llamamos, y digamos que alguna que otra vez tampoco lo exigimos. Estamos tan acostumbrados a fular y ser fulados que lo dejamos pasar. A parte de las mentiras, está el rencor, que en cierto modo es un tipo de mentira. Es decir, la gente que no pudo cumplir sus sueños acostumbra a decir a los demás que tampoco cumplirán los suyos. Y vale, que pueden tener razón. Pero como las cosas cambian y las personas con ellas, unas veces te dirán negro y otras blanco. Según les haya ido el día. Quizás por eso es cierto de algún modo que estás solo. Porque la ayuda de la gente depende sino es siempre, el noventa por ciento de las veces de la fortuna de la persona en cuestión. Aquí todos miramos por nuestro culo, después de nuevo por nuestro culo y luego si eso por la familia, amigos y demás. Sin excepción (a mi no me llega a convencer mucho el rollo ese de maria teresa de calcuta).
Y es que, si ahora de verdad nos propusiéramos ser mejores personas, que yo ya lo he dicho mas de una vez y nada, nos volveríamos locos.

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