sábado, 24 de diciembre de 2011
Autorretrato rápido
No he terminado siendo ninguna de las cosas que imaginé. Me he torcido de todos los caminos que empecé, miles de proyectos me salieron mal. Pero qué quieres que te diga, viva sigo. Es diciembre, Navidad mañana mismo. Hace más de 15 años ya que mi madre me trajo al mundo. De pequeña, era la típica estudiosa que estaba todo el día con su madre. Cuando cambié al instituto, las cosas se hicieron distintas, y seguí estudiando pero lo compañía de mi madre ya no bastaba. Si quieres que te diga la verdad, nunca encajé muy bien con los de mi clase, pero tuve y tengo mis amistades fuera de ese ámbito. He perdido un poco la costumbre de estudiar tanto. Ya no me sé todo a la perfección, ya lo hago todo por cumplir. Ya no leo la cantidad de libros que leía, y eso se nota en varias cosas. Las faltas de ortografía afloran por todas partes y la imaginación ha quedado reducida a un quépasaría cuando conozco a alguien o similares. Me he convertido en esa persona que se supone que no debería de ser nunca. No creo que haya sido el madurar lo que me haya hecho perder esas cualidades que, para que negar, muchas veces echo de menos. He cogido el camino fácil ese que cogen la mayoría de loa adolescentes, el de ser unos completos estúpidos. Sólo hay que ver las cosas que me hacen gracia y estoy todo el día repitiendo. De tanto divagar, se me fue el vino en catas y ya no soy esa persona culta que era. Me he dado cuenta justo hace muy poco, ahora que he encontrado tiempo para mí; y qué quieres que te diga tampoco quiero tener tiempo para nadie más. Pero de alguna manera habrá que aprovecharlo. Quizás intente cambiar un poco de nuevo.
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