martes, 6 de diciembre de 2011

Sois tan falsos que pensáis que soy mentira

Voy por tu calle, caminando tranquilamente y respirando el humo del cigarrillo donde estoy quemando todo tu sarcasmo. Y me encuentro con tu portal, todo pancho el. Mi subconsciente desea que por arte de magia bajes corriendo y me pidas perdón de rodillas, dando comienzo a un episodio totalmente inverosímil donde yo me hago la dura y tú te arrastras cual babosa; con final incierto, he de añadir. Pero la realidad es otra. Miro de reojo al cristal de la puerta y sólo veo el lugar donde pasé tantos ratos contigo, motivo de muchas broncas de mi madre, y mientras mi mejor amiga habla de picarte al telefonillo hasta que se fría, paso de largo y me importa una mierda, de repente. No me dan ganas de volver atrás y quedarme ahí plantada por mil años, sino de continuar, que a fin de cuentas quién sabe lo que nos deparará el día.
Miro la pantalla de la Blackberry, y ahí está, otra como tú. Alguien que te perdonaría hasta que le pegases catorce puñaladas, yo creo. Cara al público, muy sensible ella, pero en realidad, bien que se las guarda, que lo sé yo. Qué bien me lo paso riéndome de tí. Al karma ningún miedo, porque tú no estás para hablar, eh. Falsos. A veces parecéis la misma persona. Deberíais de estar juntos, sería muy gracioso. Apuesto a que algún día ocurrirá. Luego, estoy yo, que ni me va ni me viene vuestra vida, y sólo hablo de vosotros para reírme. Espero que os lo paséis bien en vuestro mundo chachi donde yo no pinto nada.

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